La ignorancia como causa criminal
Actualmente ocurren sucesos que desconciertan hasta a las personas más fieles al progreso y la ciencia. Muchos se preguntarán cómo es que en pleno siglo XXI haya casos de crímenes provocados por creencias religiosas y supersticiones. Uno de estos casos, y que ya ha sido dado a conocer por los principales medios, es el de Juan Hernández, quien debido a sus fuertes sospechas de que su esposa lo embrujaba, decidió terminar con la situación que lo oprimía. A una semana del homicidio me ha sido permitido visitar al acusado y concederme una entrevista. Es perturbador el hecho de entrar a una cárcel y sentir las miradas penetrantes de los demás presos, situación que sobrecoge y causa algo de temor en mí. Al llegar me indicaron que esperara frente a una vidriera con un asiento del otro lado y después de media hora finalmente aparece en el umbral de la puerta Juan Hernández quien, con pantalón y camisa de tonos grisáceos y deslavados, se acerca mirándome con interés y lleno de calma, mientras toma la silla y se sienta frente a mí. Es, a simple vista, un personaje bastante común, rasgos faciales suaves, de edad media y complexión delgada aunque a juzgar sólo por su apariencia pareciera tener por lo menos 10 años más. Cuando lo interrogo sobre sus fundamentos para sospechar respecto a Mirabel, su difunta esposa, responde con un suspiro: “Era una mujer bastante hermosa, hechizante y fue eso lo que me atrajo de ella, poco después de casarnos yo noté actitudes raras para mí en ella, no iba con frecuencia a la iglesia y en lugar de una cruz portaba un amuleto”, ante tan débiles argumentos le cuestioné después sobre sus propias creencias a lo que él contestó afirmando ser un buen cristiano y de creencias muy firmes y que al ver la actitud de su esposa no pudo menos que pensar que algo raro ocurría. “Yo creía que era bruja y que me envenenaba”, admite después de mi pregunta referente a sus motivos para ejecutar el homicidio. “Estoy tan arrepentido, mi castigo ahora no es la cárcel y el encierro sino vivir sin ella” dice mientras derrama varias lágrimas. Juan Hernández asesinó a su esposa en la cocina de su domicilio mientras ella preparaba recetas de cocina y que él creía que eran pociones mágicas para embrujarlo. Ahora que todo ha pasado se muestra bastante arrepentido y se culpa por haber sido tan crédulo y no haberle dado oportunidad a su esposa de aclararle lo que estaba sucediendo. Él se muestra muy firme en su argumento de que estaba dominado por un sentimiento de defensa, para él fue natural pues actuaba en defensa propia. Después de un largo rato de silencio finalmente toma la palabra de nuevo y me cuenta cómo era su vida con ella. Todos los días le preparaba la comida pero ésta, invariablemente, tenía un sabor horrible, para él eso era todavía más sospechoso que sus costumbres referentes a la religión. No comprende cómo fue que su instinto e ignorancia fueron los que lo llevaron a ejecutar semejante acto. Ya resignado y en espera de su inminente sentencia, sólo espera que algún día cuando él muera pueda reencontrarse con su amada Mirabel a quién asesinó a causa de su credulidad e ignorancia. La entrevista tiene que terminar, Juan (como familiarmente lo he llamado durante la entrevista) ya se encuentra bastante consternado con el recuerdo de su difunta esposa y los remordimientos que lo invaden y no lo dejan dormir ni un solo instante. Me retiro no ya con temor, sino con algo de simpatía hacia Juan quien, finalmente, es una víctima más del fanatismo y sus consecuencias.

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